
Lo se, nunca había tardado tanto en escribir ni en publicar. Tengo guardada la entrada sobre el sur de Francia: una guía que me estoy volviendo loca en acabar por ser tan meticulosa y porque la Provenza significa mucho para mi. Tanto, que no consigo avanzar ni enfocarme.
Este va a ser el post más personal que vaya a escribir, y considerando que todos son altamente intimistas, no hay duda que me encuentro de nuevo, en mi vida, ante una encrucijada que ha descolocado y convulsionado ya mi curiosa existencia. Y mi frágil equilibrio (ya que seamos sinceros, me pierdo fácilmente si no soy disciplinada, me desdoblo y fundo en otra personalidad cuando hay un mínimo de caos extra que colma la copa de lo insensato) se despedaza como cristal cuando mi alma se encuentra ante la deshonesta realidad que la vida, aunque sea maravillosa, a mayoría de las veces se ceba con los más débiles y sin aún así más verdaderos… Y entonces y básicamente, me vuelvo loca. Literalmente. Y me cuesta mucho volver a mi estado normal. Aunque mi paciente, amoroso y único compañero de vida me tenga que recoger casi con anzuelo y caña de pescar y recomponerme a base de paciencia y todavía todo su amor infinito. Creía que mi amor era muchísimo mas fuerte, que estaba mas enamorada de mi marido que él de mi, pero no hay nada que me haga creer más en él que su constante, sacrificado y único amor que en estos últimos casi 5 años me ha colmado de algo que va mas allá, muchísimo más lejos que la vida insignificantemente real. Y no me había dado cuenta hasta ahora.


Antes de continuar por ese camino, no puedo ni debo dejar de enorgullecerme por nuestro primer aniversario. No solo por la celebración, que gracias a todos, todos los que nos apoyaron, fue cálida, emotiva y romántica para los corazones (The Workshop Flores, Maison Pom Pom, Harina, Heineken, Woz´Ere, Hendricks, My Little Momo)… Sino también por haber llegado hasta aquí, por haber aguantado este primer año tan tan duro, por haber luchado con todas nuestras fuerzas, por no haberse derrumbado mi matrimonio con tantos problemas y tantísimas crisis y por querer, no obstante todo, no obstante las enormes dificultades, seguir siempre (y con eso me refiero a siempre) con la bandera de este barco de piratas bien izada mis fuerzas hasta que no me quede más aliento.

Veo la llegada de este primer aniversario como un milagro, como el resultado de un amor como ninguno hacia ese jardín, los días de lluvia, los días de sol, las comidas con mis niñas, mi Judith, los enfados, las crisis, los problemas, las ganas de tirar de la toalla, nuestro Hugo, los chicos, Leia, los nuevos aventureros, los dolores de espalda y lumbago por mover los muebles, las gotas de la lluvia empapandonos mientras tapamos con enormes plásticos nuestros tesoros, las regañinas, las lagrimas, los problemas personales, todo tan tan personal… Las chicas que se han ido y las que han llegado, las sesiones de terapia, los gritos, mis encabronamientos, mi mal genio… Un amor apasionado y mágico que hace que cada día, pase lo que pase, se trate de una nueva apuesta, de una nueva emoción y nuevo enamoramiento, comerse la cabeza para seguir adelante, aguantar el chaparrón de la crisis, de meses malos, de facturas y mas facturas, de peleas continuas…Y seguir, siempre seguir con la uñas, los huesos, los dientes y todo lo que haya dentro de mi capaz de hacerme seguir hacia delante. Son momentos muy duros, durísimos, y hay veces en las que sientes que deberías abandonar: pero eso sería como entregarle a tu mayor enemigo lo que más quieres en esta vida y ver como te lo quita de las manos. Así que mientras haya vida en mi, seguiré luchando hasta el último suspiro por Federica & Co.

Esto es lo que significa este 1 aniversario: seguir luchando.
Me gusta saber que Federica & Co siempre esta en movimiento, nunca dejamos de girar, como el mundo, las nubes, el reloj, las mareas: hace menos de 8 días inauguramos 3 nuevos corners y dimos la bienvenida a tres nuevos lunáticos (espero que disculpen la expresión… Pero para que luego digan que no hay vida más allá de la tierra…) Cada uno de ellos ha sido el resultado de la mayor ambición que existe: la estima humana. Todo lo demás, viene solo.
Por una parte, The Flying Cow www.theflyingcow.es , un nuevo concepto de venta, degustación y sobre todo, descubrimiento vinícola. Una experiencia total de la A a la Z ligada a los sentidos: la selección nunca casual, se extrae milagrosamente de Andreas Kubach, asesor mundialmente conocido y contrariamente a muchísimos resabidos, pedantes, incultos y redundantes poco expertos o muy resabidos intelectuales del vino, se desvela como una hombre natural, como los vinos que propone, sincero, sin atributos más especiales que ser sí mismo, escondiéndose decidido tras la certeza que su amor y dedicación respalda sus palabras y su conocimiento: y lo mejor, da a todas las personas su lugar, su momento de expresión y escucha con la educación alemana que a nosotros, los latinos, nos falla muchas veces. De todos sus viajes elige 9 vinos y con ello, una rotación cada dos semanas de su selección. Blancos, tintos, sparklings y de todo el mundo. ¿Porqué no vino Español? Porque hay vinos excepcionales en este país pero al igual que elegimos, como bien recalca Patricia (mujer, socia e intrépida creadora de Andreas) un dia comer comida china y otro dia comida italiana, en The Flying Cow podemos pisar de puntillas todos los escondites del mundo.

Lo que me encanto de conocer a Patricia, gracias a la ayuda de Sally, y obviando que organizó el corner en menos de 24 horas y con detalles sublimes (véase el papel de envolver- el libro de firmas para clientes- el packaging- la imagen.. Wow!!)… Fue su historia personal. La ves tras sus galácticas gafas de pasta y su larga coleta de pelo oscuro y no crees que te será posible traspasar su mirada clara y concisa. Sin embargo, y a ráfagas de frases y anécdotas que caen como el que pasea por Roma, descubres que vivió en Cuba, fue anticastrista (y no le hace falta ni una banderola ni lucirse), tuvo una hija preciosa que es un calco de ella, que ella también con 15 años descubrió que quería amar la cocina también a nivel profesional y que como yo, no sabia que se podía trabajar en eso sin ser un esperpento de la sociedad… Y que además, y lo no por esto menos categórico o trascendental, quería ser escritora: y lo fue. Publico y luego se mimetizó en la vida real creando una empresa de comunicación brutal. Vaya… ¿Por que seamos sinceros, quién en su sano juicio querría ser escritor?… Como dice mi querido Woody en muchas de sus películas donde siempre deja un hueco de protagonista a escritores arruinados y en catarsis con la inspiración y consigo mismos, o vendidos al comercialismo exigido “ Escribo porque no se hacer otra cosa y no se vivir sin ello”. Y desgraciadamente el procedimiento de la creación, porque hay que ser honestos con la disciplina y el día a día, desgarra a cualquiera y le deja exhausto y sin fuerzas, o por lo menos sin esos pies de plomo pesados que la sociedad de hoy en día (¡ por supuesto que nos vamos a extinguir! Nos lo tenemos merecido!) exige y demanda. Así que no sólo puedo presentar con orgullo una selección brutal de vinos, sino a unos seres humanos que, cuando uno es tan extraño para los normales, te llenan de satisfacción y de un calor en el pecho y en la mente parecidos a la admiración y a la falta de soledad.


También tenemos la enorme suerte de contar con Gonzalo y Nicola que han traido a nuestro patio las bicicletas de ABICI: espectaculares, diseñadas por italianos con ese aire retro y vintage, pero con la funcionalidad que el deporte y el ciclismo conlleva. Yo estoy enamorada de una bicicleta color añil que se descubrió ante mi como una caja de sorpresa, ya que ni soy aficionada al ciclismo ni veo como una prioridad gastarme un dinero para una bicicleta. Pero en este caso sí. Y lo vale. Por cierto, ayer me enteré que son las mismas bicicletas que se venden en la archifamosa tienda de París Colette, así que un placer compartir producto. Os invito a visitar www.abici-italia.it
Y mi querida Teresa, a la que ya le dediqué un tiempo idilico en uno de mis post, se ha atrevido a ofrecer los servicios de My Little Momo www.mylittlemomo.com de manicura y pedicura en el jardín de Federica & Co los viernes y los sábados, siempre que el tiempo nos acompañe claro.

He dicho que este iba a ser el post más sincero y personal…¿ Porqué he tardado tanto en escribir? Como he comentado tantísimas veces, el proceso de contar historias de verdad es mas complicado que coger un móvil y con dos frases sacar una falda bonita, una fiesta o un plato de comida. Eso se puede hacer desde cualquier punto del mundo, lo puede hacer cualquier persona sin talento y seguir la corriente, también se puede hacer sin dejar huella ni espacio a la imaginación. Y se que tengo muchos detractores, muchísimos… Y normalmente, además, suelen ser personas amigas, brillantes, practicas y con un gran talento que me repiten que este blog no puede ser solo sobre historias tan largas, tan comprometedoras para mi espíritu, tan poco renovadoras ( y lo cierto es que lo se)… Y que tengo que cambiar, cambiar hacia la vida real que exige y también que me da la oportunidad y se lo da a Federica & Co. para poder crecer, que de eso se trata. Y ¿cómo comulgo entonces la vida real con mis pensamientos? Lanzar nuestra pagina web, inaugurar nuestra venta online y proyectos de decoración, listas de boda y por supuesto y lo que más ilusión me hace: nuestra colección Fede&Home permanente. Enorme, delicada, currada y siempre hecha con amor. Y sobre todo, para todos, apta para todos los públicos. No puedo dar más detalles. Y seguir con el blog, pero más vivo, más encendido, que para eso no dejo de marearme con tantos pensamientos.

En ocasiones, si tienes suerte, un día te encuentras con personas que te iluminan, te revuelven y te dejan desnudo y te das cuenta que hasta el momento, no sabias nada. Hablo de Sofía y de Mario. Ellos estan haciendo posible este cambio, que Federica & Co crezca, se ilumine y vibre con el mundo. A Sofía la conocí hace muchos años, yo vivía en NY y no sólo estaba centrada en mi propia cruzada contra el sistema y mis ganas de salirme del molde y ser escritora y descubrir la ciudad en su luz, sino que me sentía muy reacia hacia los españoles que venían y marcaban tendencia: vivía con una modelo despampanante con su carrera en auge y todo lo que reportaba de su mundo me parecía por un lado divertido (sigo siendo la misma, las cosas como son) y por otro lado, el contrario y en gris oscuro en contra de mi momento álgido como escritora de mi segunda novela, completamente contrario y retrogado. Sofía, alta, flaca, guapísima, estilosa, cool, interesante y con una gemela (vaya, dos en vez de una) me eclipsaron y en mi inocente inseguridad de veinteañera, las catalogué o la catalogué en mi apartado de interesante pero como mundana y real, demasiado real para mi. La vida siempre nos pone en nuestro sitio: el cielo se unió con la tierra cuando volví a encontrarme con ella en esta vida cotidiana y ahora sí, real… Y sólo puedo decir maravillas de su corazón, de su talento, de su cabeza privilegiada y de su bondad desinhibida. Y como digo muchas veces, las personas que te ayudan cuando lo necesitan y lo hacen con una honradez desnuda como lo ella, necesitan recibir dar las gracias como se debe ya que alguien puso estas almas con voz en tu camino. ¿Y de Mario? No creo que haya palabras para definir su mente brillante. Y es un señor. Afable, dinámico, fuera de serie. Y de nuevo, un señor.

¿Qué hay después de este mañana? seguir luchando, que no son momentos para dejar de darlo todo sin descanso. Y seguir escribiendo mis Stories, eso nunca va a faltar. Entiendo la realidad, pero soy fiel y honesta. Lunática, pero de verdad.
Y para los que creen que Federica & Co es el negocio de unas niñas edulcoradas que se lo pasan pipa en su jardín… Les invito a venir aquí, a ver lo que significa entregarle y venderle el alma al mismo diablo si hace falta con tal de seguir adelante y sacar la cabeza del agua, aunque todo te arrastre hasta abajo y apenas puedas respirar, trabajar de sol a sombra, incluso 15 horas seguidas, madrugadas cocinando, amaneceres bajo la nieve y siempre 7 días sobre 7. No hago más que ver miles de letreros con “Cierre por cese de negocio” y se me pone las piel de gallina y la realidad entre los dientes. Pero aunque todo se ponga muy negro, seguiré bailando bajo las tenues notas de Federica & Co.
Mientras tanto, hago lo que puedo y asumo como puedo que mi madre, con la que tengo una relación tan complicada y demoledora, hace dos semanas que descubrimos que tiene cáncer… Y eso, es como un viaje vertiginoso hacia todo el dolor enfocado en imágenes de película de todo lo que sufrí yo. Creía tener lo mío superado, pero creo que con esta plaga nunca se deja de sufrir. No puedo decir más. Y quizá por esta razón he tardado tanto en escribir: no puedo escribir banalidades cuando la vida está gritando.

¿Qué hacemos esta semana?
- Organizar nuestra agenda para el lunes 23 celebrar la noche del libro www.madrid.org/lanochedeloslibros
- Comprarnos sin falta la colección Gold de Twin Peaks en la Fnac por ejemplo. Sigo igual de petrificada que hace veinte años.
- Visitar el nuevo Harina en Augusto Figueroa 2 www.harinamadrid.com
- Comprarse un libro y leerlo y acabarlo. Yo me estoy leyendo El Cementerio de Praga de Umberto Eco
- Descubrir a Susie Theodorou www.susietheodorou.com
- Catar y comprar un Chardonnay de excepción: Coppola www.franciscoppolawinery.com en nuestro corner
- Enamorarse de los diseños de Neest www.neest.fr (muy pronto en Federica & Co!)
- Fichar el Brocante por excelencia en Copenhage www.no40.dk
- Catar por 28 euros uno de mis whiskeys de Malta favoritos:
Nikka from the Barel www.nikka.com
- Comprar la mostaza de Dijon de LIDL, todo un descubrimiento
- Ver The Beginners, la película que más me ha gustado de los último tiempos www.youtube.com/watch?v=rXUFUp6vsxg
Enjoy!
Fede


He levantado la vista y me he fijado que los arboles de mimosa que tanto adoro que están en la colonia donde vivimos Jaime, yo y los chicos, estaban ya casi en flor y eso me ha hecho sonreír. El árbol de la mimosa me recuerda a mi abuela y también a mi madre, y cada año intento buscar la manera de tener en una pequeña terraza un árbol con mimosa solo para mi (y eso que solo florecen durante un mes y medio al año…). He ido a trabajar a la tienda bastante pronto para ser sábado: Hugo con mi ayuda, ha empezado a plantar todos los romeros y las lavandas que nuestro jardín necesitaba y con mucho frio en las manos, nos hemos reído mientras yo hacia que cavaba y él hacia en realidad y para variar, el trabajo sucio.
Ha sido una semana agotadora, en todos los sentidos. El último viaje a Francia con el camión ha sido muy intenso, duro, con – 6 grados de dia, viento y tierra… Han sido muchos kilómetros, madrugones y rápidamente de vuelta para descargar, montar y seguir trabajando…
La cocina del pantano es tan rustica que la imposibilidad de cocinar con un horno o con varios fuegos, hace que la elección de el menú sea aun mas entretenido. Para beber? Pago de los Capellanes 2008, y de acompañamiento, y mientras termino de cocinar, (y no paro de pensar en escribir y escribir…) ya hemos seleccionado la película de la noche (aquí, hace poco que hay una televisión moderna y nada de antena ni cable… solo un antiguo DVD y eso sí, un sonido estupendo a base de altavoces colgados de los techos de madera): en nuestra pequeña videoteca no hay mas que clásicos, y por supuesto no hay nada comparable a la Guerra de las Galaxias. Veo películas desde que tengo uso de razón y esta enciclopedia sobre la lucha del bien y del mal me ha fascinado desde siempre. Son películas que nunca me canso de ver, como Indiana Jones, o Tiburón (no obstante el gran daño que Spielberg le hizo a este gran depredador) o El Padrino.
Eso si, a mi lado la torre de revistas de cocina y gastronomía que no he tenido tiempo de ni siquiera abrir y que mañana por la mañana, después de un largo paseo y aire fresco en mi mente, descubriré con gran placer y mimo, porque este tipo de momentos, en los que estoy finalmente relajada, sentada, con la mente activa y regenerada y a solas con mi mundo, son los que más feliz me pueden hacer. Que mas le puedo pedir a la vida que estar rodeada de mi marido, mis perros, mil cachorros, en medio del campo y con una buena chimenea. No hay nada más en el mundo que valga más que eso: y esa sintonía con el desenchufe de la vida real intermitente e ininterrumpidamente acelerada y conectada, hace que me sienta relajada al fin, consciente verdaderamente que para ser feliz, y de verdad además, no necesito nada mas.
Creo que hemos sido y venimos de una serie de generaciones en las que el ser humano, tal y como lo hizo en el siglo de las luces, se ha antepuesto a las leyes de la tierra y de la coherencia natural, olvidando ante todo que formamos parte de una larga y perfecta cadena en la que no somos lo lideres por sucesión sino por imposición. Somos el centro del universo y como tales tenemos la obligación de demostrar, cada uno en nuestro micro organismo existencial, que somos especiales y lideres, por lo menos para justificar que desde hace siglos, pretendemos ser la raza superior. Todos nacemos con un destino, el hecho de que este luego, tome la dirección que no se esperaba, es otra cosa. Somos la expectativa de todo lo que no consiguieron los genes anteriores y sin embargo, no sabemos ni siquiera, si preferimos por nuestro temperamento el olor del mar o la lana. Jaime, mi marido, hizo una reflexión sobre esto mismo y aunque entendí que tenía razón con eso que no todos tenemos que ser forzosamente lideres y especiales, le miré estupefacta y pensé que cómo era posible que una persona tan única, excepcional y llena de talento, no pudiera sentirse finalmente especial. Seguramente lo relacionaba con el ámbito profesional y con lo que los otros (en los que siempre nos fijamos desviando la atención sobre lo que verdaderamente importa) han logrado. ¿Logrado? Bueno, perdonar mi escepticismo, pero yo no he sido hecha con moldes. Al final se trata de ser feliz lo más días posible de nuestra existencia.
(Tuve que hacer una pausa el sábado noche y retomo hoy, 14 de Febrero de madrugada). Si de madrugada, estoy dando un potito y leche en polvo a una pequeñísima cachorra que nos trajimos envuelta en una manta debido a su estado de desnutrición. Seguramente esta perra no fuese una líder, todo lo contrario, apenas podía luchar por su vida y conseguir comer frente a sus 7 hermanos tres veces mas grandes y rellenos. Pero ha sido su delgadez lo que la ha hecho especial, y el amor por supuesto.
Lo que de verdad nos hace lideres y especiales no es otra cosa que el amor que somos capaces de dar, de profesar, de regalar, de comunicar, de desprender, aunque a veces duela más que ninguna otra cosa en el mundo. Hoy es san Valentín. En Italia, el país del marketing y también del romanticismo, celebramos este día con mucho ímpetu: recuerdo mi padre dejando notas de amor escritas en el espejo del cuarto de baño con el pintalabios de mi madre… Yo, una romántica estupefacta por la frialdad del mundo, no soy una gran fan de este día. Nunca lo he sido, y es extraño porque si fuera así, tampoco me sentiría culpable; que cada uno celebre lo que quiera y cuando quiera. Aunque no sea, pues, una incondicional de este día, si me gusta pensar que hay un día al año en el que el amor se regale exageradamente. Es verdad que no hace falta que haya un día al año para recordarle a alguien que le quieres, pero qué hay de malo en perder un minuto de tu tiempo, un solo día de los 365 que hay, en hacer sentir a alguien especial. En Italia lo celebramos también enviando flores a nuestras madres, a nuestras amigas, a nuestras abuelas, a todos a los que a diario, se nos olvida susurrarles palabras de amor. Que el amor, es gratis.
Creo que hoy es el día de decirle a alguien, sea quien sea, que es especial. No cuesta tanto. O de pedir perdón por algo que hemos hecho y que ha podido herir a la persona que queremos. Esto también es gratis.














Qué difícil sacar adelante tu negocio, por muy bonito que sea, por muy especial que sea y hacer frente a esta crisis que nos deja completamente desnudos… Quizá deberíamos haber centrado nuestros esfuerzos en algo más fácil, en algo más digestivo como la gastronomía… Al final todo el mundo sale a comer o a cenar alguna vez y más en España. Y lo cierto es que no me debería de quejar en voz alta, ya que mire por donde lo mire, soy increíblemente afortunada y lo más importante que hay para un ser humano, lo tengo. Muchas mañanas me levanto y la angustia no me deja disfrutar de todo lo que me rodea, el estrés me reconcome y hasta a veces, como esta mañana por ejemplo, doy vueltas en la cama desde el alba intentando dar con soluciones, intentando dar con la formula que de estabilidad a nuestro negocio, intentando inventar algo nuevo para sacar adelante este maravilloso sueño que es Federica & Co, que nunca hubiera sido posible sin el apoyo incondicional de mi suegra Karin y el trabajo, la constancia, la inspiración diaria y el amor de mi marido, socio, mejor amigo, director de orquestra y capitán de nuestro barco, Jaime.

Lo bueno de pasar las vacaciones en la montaña, bajo la nieve (de hecho ahora esta nevando sin parar y esta mañana apenas he podido esquiar al no ver NADA)… Y además, de estar en familia, y además, de estar en Francia… Es que puedo disfrutar del placer de los pequeños espacio Gourmand que hay en cada rincón, probando quesos, panes, vinos de la región, salchichas, salchichones y todo lo que entre directo a mis pupilas. Leyendo una revista especializada en Gourmet francesa, me he dado cuenta que no debo dejar tanto tiempo sin viajar, sin pisar París por ejemplo, que con cada nueva apertura de negocio me deja a un paso muy corto entre el avión y la ciudad de las luces. He descubierto pues, estas dos Epiceries, Francart cuyo sito esta en construcción y Roellinger, 


Me gusta observar a las parejas que acaban de conocerse y que reconozco en algún bar. Últimamente como sola a menudo y aunque parezca triste ver mesas para uno, hace mucho tiempo, en otra época solitaria aprendí también a disfrutar de este tipo de libertad, si se puede definir así. No como sola porque no tengo amigos. Amigos tengo maravillosos y maravillosas. Tengo muchísima suerte porque son mejores que mi familia y me quieren tal y como soy, y esto hoy en día, es muy complicado de aceptar… Como sola porque ahora mismo estoy sola, con todo lo que la soledad conlleva. Cuando compartes tu vida con alguien, con la persona que te arranca las ganas de vivir aunque estés deshecho y perdido, perdidísimo… Cuando tienes eso, el mundo puede caerse que uno queda en pie tras las cenizas como si nada hubiera pasado. Y mientras como sola, y menos mal que sí, soy una gastrónoma empedernida y con esto me salvo de la compasion que podría provocar en otros, me doy cuenta que mi condición se transforma en unos momentos de reducción entre yo y yo misma. Y en ciertos momentos consigo hasta disfrutar, muchísimo, ya que cualquier amante de la comida necesita su espacio y su tiempo para contemplar, degustar y hacer realidad sus mayores perversiones gastronómicas.
Lo cierto es que pensaba empezar este post con otro tema completamente distinto, estamos ya a 8 de Diciembre, la Navidad ha llegado a nuestra calles y casas y para mí, la soñadora empedernida más irreal y poco terrenal que haya conocido, la Navidad se convierte en magia sin apenas pestañear. Cada año imagino la Navidad como el momento más apacible del año, comienzo los preparativos ya en Septiembre y mi cabeza y mis ojos no dejan de recolectar información de todos los medios posibles con la típica obsesión que me caracteriza. Y en realidad a lo largo de mi vida he podido disfrutar de contadas navidades felices (las mejores desde que me case); y no pretendo que la Navidad sea forzosamente feliz, porque seria engañar a la propia felicidad, pero si quiero seguir sintiendo que es un momento en el que el espíritu implacable se pacifica con uno mismo, en el que nos concedemos una tregua con la rabia, en el que somos capaces de dar muchísimo mas de lo que recibimos, muchísimo más… Dejando de pensar por una vez verdadera que no somos el centro del universo, sino todo lo contrario y que este es un momento para regalar paz y felicidad a las personas que amamos. Aunque sea solo una. Este sentimiento de altruismo o de hacer feliz a las personas que amamos, hace que para mi la Navidad sea el momento mas mágico del año. Soy de esas personas que egoístamente disfrutan muchísimo mas dando que recibiendo, imaginando las sensaciones que seré capaz de provocar en los ojos de los que me rodean. Quizá sea en este época del año cuando me convierta realmente en la persona que soy; desgraciadamente los problemas del día a día me han alejado muchísimo de mi misma y en algún momento me perdí por completo. Estoy trabajando para volver a ser lo que era cuando aun no sabia nada de la vida. Estoy buscándome de nuevo, intentando volver a ser la persona que siempre quise ser.
Este año, al contrario que todos los anteriores, no me dejare llevar por la fiebre del consumismo. Y si, he pecado siempre y me he dejado llevar por la locura del gasto. Este año lo material no tiene ningún sentido para mi. Ninguno. Me conformaría con pasar una noche con mis perros, en mi casa, delante de la chimenea y jugando un estratego con la persona que me da la vida. Ese seria el mejor regalo. Y hoy en día seria el mejor regalo de todos mis 33 años. El resto de mi carta de papa Noel que suele ser muy muy larga, solo pide una segunda oportunidad. Es el regalo más caro que he pedido nunca.
Con la pasión todavía vibrando colgada en el emisferio simpatico, caí sobre el hecho que el próximo 24 a las 11 de la mañana cumpliremos un año desde que nació Federica & Co, desde que inauguramos tímidamente y con muchísimo miedo, un espacio roto, flotante, inesperado y con fecha de caducidad en una silenciosa calle Hermosilla 26 de Madrid. La idea, el comienzo, el inicio de esta maravillosa historia interminable, solo tiene que ver con la pasión, entendida de la manera que cada corazón pueda inventar. La pasión con la que nació Federica & Co (esta versión, no la primera que se inauguró allá por el 2002) estaba vinculada a la supervivencia, a la tenacidad, a la rebeldía, a la valentía… Para mi fue la manera de sacar adelante nuestra vida, un día de Octubre cualquiera, tomando una copa de vino con una intimísima amiga mientras sentía que no tenía nada más que perder.
Era un momento complicado. Creo que muchas veces cuando te encuentras con la espada contra la pared o al borde del abismo, algo se desencadena en tu cabeza con frenesí y se pone en marcha alguna rueda más de lo normal… Posiblemente una de las miles de neuronas que no sabemos ni para que existen. Hermosilla 26 ronroneaba en mi cabeza, en mis sueños y en mi imaginación enfermiza día y noche desde que había visto colgado el cartel de Se Alquila en verano. Era otoño, y no había manera alguna humana que pudiéramos quedarnos con semejante Titanic. Ni quiera utilizando toda la imaginación del mundo… Hasta que la obsesiva insistencia y persistencia hicieron el milagro: empeñé lo más valioso que tenía (en sentido material y sentimental) y con esos 3800 euros nació el Concept Store: así, sin premeditación, sin un duro y sin apenas conocer a las que formarían parte de esa locura fruto de la necesidad. Las conocí a todas por casualidad, sin presentaciones obsoletas ni pedigríes previos típicos de esta sociedad… A todo un equipo de valientes, guerreras y luchadoras mujeres que con mucho orgullo hoy en dia siguen juntas a mi lado… Y en ese momento el único requisito era el trabajo. Y ser natural o más bien normal, espontáneos y poco caprichosos. Siempre con la verdad de frente y el alma abierta. Y hasta aquí hemos llegado. Desde ese espacio muerto, helado, lleno de agujeros y vacío, a lo que es hoy Federica & Co… Un viaje larguísimo que nos ha traído hasta hoy martes el 22 de noviembre.

Y así sueño cada día. Morir en el intento u olvidar. No sería capaz de sentir, si no fuera capaz de soñar. Y he de admitir que a veces, bastantes más de las que hubiera nunca imaginado, este dato imperfecto de mi personalidad me ha jugado alguna que otra mala pasada. Esto de soñar con los ojos abiertos, vivir con un pie en un mundo que no es real y caer un picado contra el suelo duro y frio de la realidad sin combustión, le rompe los esquemas a cualquiera. Hasta tomo una medicación para ordenar mi captación de la realidad, aunque no se si controlo yo más a mi cabeza que un simple artefacto envuelto en plástico azul y blanco.

El viernes fui a ver al fin, la primera parte de Amanecer de la saga Crepusculo. Seguramente nadie que lea este blog pueda entender como una mujer de 33 años pueda sentir la mínima atracción por una serie de películas protagonizadas por adolescentes semi vampiros pijos y lobos sin camiseta. Y la verdad es que le he estado dando millones de vueltas antes de escribir sobre este tema.. En realidad antes de publicar un post con esto… Me sigue pareciendo algo ridículo y poco practico… Aunque desde luego no me avergüenzo de seguir siendo, en cierto modo, un poco adolescente. No me avergüenzo de ser infantil y superficial, forma parte de mi manera de ser. Creo que sencillamente me dejo acorralar por la idea que tienen los demás sobre qué debería gustarme… Me avergüenzo quizá de escribir sobre ello, aunque la cobardía no me suela caracterizar… Aunque la pura realidad es que sí, no sólo soy fan absoluta, no solo me he dejado llevar por la fiebre y el frenesí, sino que me revuelvo una y otra vez preguntándome como es posible que no se me ocurriera a mi una idea tan genial y una historia tan buena. Y entonces, cada vez, recuerdo cuando vivía en Nueva York. Fue una etapa maravillosa de mi vida. Escribía, escribía y escribía.
En aquella época fue la primera vez que me deshacía de todo lo que se supone que debía de hacer y escogía el camino incorrecto, la primera vez que me hacía un tatuaje, que me cortaba el pelo, que leía a Kundera, que escuchaba Rage against the Machine, que visitaba una exposición de Rothko en el Whitney bajo la lluvia todos los jueves por la tarde porque era el día gratuito… La primera vez que iba al Blue Note, la primera vez que me rompían el corazón una y otra vez, la primera vez que me compre una chaqueta verde militar, la primera vez que iba a ver películas al Angelica´s, la primera vez que paseaba por Brooklyn, la primera vez de tantísimas tantísimas cosas que marcaron tantísimo mi vida. Parecía vivir solo para chupar, para almacenar y aprender y volver a engullir sobre arte, sobre música, sobre la gente, sobre el cielo, sobre la vida. Aterricé con apenas unas hojas escritas en mi viejo ordenador (en él había una pegatina en la que ponía “fuck work” y me sentía muy rebelde… No puedo evitar sonreir…)… Vaya ahora escucho “Turning page” de Sleeping at Last a todo volumen… Esas hojas pertenecían a lo que más tarde sería una larga, sin talento y aburrida novela que me llevó dos años de mi vida escribir. Aunque no estoy aquí para hablar de ella. Estaba hablando de la envidia que me daba el no haber tenido la capacidad para escribir una novela como Twilight. No por el éxito (aunque nadie escribe para ciegos o sordos), no por el dinero, eso no. Por volver a revivir esa particular y única historia de amor que se tiene con los personajes que salen de la mente, por esos días y noches pasados sin dormir, sin poder despegar mis dedos de un folio y un lápiz, sin poder cerrar los ojos por miedo a que se me olvidara algo. Una historia íntima entre yo y yo misma, entre mi pensamiento y el silencio. Una historia hecha de pura vida, de pitillos a medio terminar, de paseos en pijama intentando aclararme, de dedos compulsivos y horas sin hablar, dando forma a más vida con sólo pestañear… y que todo eso, eso que te quita el hambre, que te quita el sueño, que te reconcome y te asfixia, se vea una vez terminado exprimido sobre papel, con una tapa y un numero de edición. Y que millones de personas sean capaces de vibrar y de soñar con lo que has escrito. Siempre he sabido que nunca escribiría sobre algo tremendamente trascendental, mi historia, por muy pequeña que fuera, sería anónima, de esas que ocurren todos los días, sin mucho artificio. Y porqué no, sobre vampiros y licántropos, porqué no.



Hace dos días comenzó la mudanza que mi familia (mi marido Jaime y mis perros Cash y Dumas) y yo estamos intentando resolver lo mejor posible. Los chicos parecen muy contentos con el cambio: es más pequeño, esta más destartalado y antiguo y prescindimos de algunas comodidades (menos mal que nos queda cinturón para apretarnos! Como diría un amigo)… Pero tiene Chimenea! Y creo que estamos todos de acuerdo que para nuestra familia (que hace poco casi se rompe… qué crisis…) el momento fuego, castañas, manta y un libro es inigualable. Aunque fuera en medio del campo y debajo de un puente. Así que entre millones de cajas (qué cantidad de cosas somos capaces lo seres humanos de almacenar para sentirnos quizá, mas vivos, eternos y poco fútiles), un espacio mucho más reducido y todo el caos que trabajar 14 horas al día, hemos hecho también nuestro primer pedido de leña. Además, de la de verdad. Un sueño. Una pantalla abierta a la reflexión que apaga la atontada televisión. Sólo me queda encontrar la caja con las copas de vino y abrir algo que merezca la pena esta vuelta a empezar (Gallinas y Foques por ejemplo, de la bodega mallorquina 4KILOS): porque es de lo que se trata, volver a empezar de cero, o por lo menos por lo básico. Sin parafernalia, sin adornos, sólo lo que somos y lo que sentimos. Y el no poder, realmente vivir sin.
Parece que a veces, todo lo negativo viene a la vez. No debo hablar de lo malo, porque lo malo es vivir en la otra cara pobre del mundo, o en otra realidad tan cómoda, en el lado terrible de la vida… O combatir con la muerte. Lo que nos ha pasado solo puede ser negativo, menos positivo o más complicado pero no malo. Desde nuestra vuelta de vacaciones hemos luchado por nuestro matrimonio hasta acabar casi agotados (nadie lo cuenta de antemano!), contra todo el estrés de tener un negocio grande como el Titanic pero que navega en una bañera, contra las complicaciones del Ayuntamiento, contra las miles de facturas y muchas de amigos, que hemos tardado en pagar, contra no tener ni para pagar la gasolina… y miles de problemas más, familiares por triple bando, de salud por quinto bando, y del corazón por algo que no se contabiliza, solo suspira hasta que nos durmamos del dolor.
Hace tres años, cuando luchaba a vida o muerte por mi vida y el cáncer que me acompañaba, pensé que esa, iba a ser una prueba mas que relevante para cambiar mi vida, que seguramente encontraría la raíz verdadera de la existencia, que mi forma de dibujar la pirámide de los valores precipitaría hacia lo inverso… Y sin embargo, nada ha cambiado con respecto a antes. Bueno sí, soy mejor persona, creo… Soy más observadora, soy más tenaz, he conocido un lenguaje conmigo misma muy particular y casi místico… Pero a lo que se refiere a la vida del día a día, a la cotidianidad del mundo que se refleja en los profesional, mundano y habitual, las cosas siguen igual o peor…
Con 18 años sabía perfectamente que no iba a tenerlo fácil, aunque no fuese por los acontecimientos externos a mi personalidad que estaban arrollando mi vida, sabía que mi manera de ser, de sentir y de pensar, me iban a causar no solo problemas sino a labrar un camino lleno de baches, muy tortuoso y a reventar de granizo. Pero también sabía que nunca me conformaría, que no quería ser una oveja del rebaño más, que no necesitaba todo lo común, preestablecido, ordenado y sin lugar a duda que la vida me ofrecía, o por lo menos era el plan A de todos los que me rodeaban. Que no quería estudiar algo por compromiso y sin vocación, ya que yo, vocación tenía por millones de cosas, extrañas para este tipo de educación, pero verdaderas. Y sobre todo, quería aventura… Muchísimas aventuras… Y escribir sobre ellas… No sabía si quería vivir en Nueva York, emborracharme de Jazz y escribir o vivir por el mundo, viajar con National Geographic y dedicar mi vida a los animales y escribir sobre ellos o bien ser cocinera, escribir sobre ello y vivir en el campo en el sur de Francia y caminar descalza el resto de mis días…
Y sin embargo, me encontré de repente, cuando se supone que de verdad iba a cambiar mi vida… Asentada, con hipoteca, facturas, un anillo, un trabajo inestable pero mío, unos horarios establecidos, la odiada monotonía y pudiendo pensar que la aventura se había acabado tan pronto como había empezado… Pero justamente y de manera no casual, para que todo esto ocurriese tenía que ocurrir algo en mi vida, algo que te cambia para siempre, por encima del cáncer, de la aventura, del mundo imaginario e idealista sin sentido… Llegó el amor. Con faldas y a loco. La mayor aventura que un ser humano puede recorrer a lo largo de su vida, el camino más largo e imprevisible que existe, el gesto más desinteresado, el estatus ante el que no solo nos desnudamos, sino ante el que debemos aprender, aprender y aprender, y redescubrir, y volver a ser humanos, humildes y desinteresados y generosos. Una y otra vez, sin parar. Y entonces, cuando esto ocurre, todo lo que nos parecía insensato, se convierte en lo más real y necesario de tu vida. La monotonía, el trabajo, los horarios, la ciudad, el conformismo… No son tal, sino la suerte de poder tenerlas, ya que si no, seríamos unos completos desgraciados. Quizá la hipoteca, la ciudad y las deudas están demás, pero en estos tiempos de corren nos tenemos y debemos que darnos con un cante en los dientes.
Nosotros hemos pasado un mes de Octubre de susto, de perdida de sentidos. Hemos luchado por nuestro matrimonio, hemos luchado por nuestro negocio con los dientes afilados y seguimos día a día, segundo a segundo entregándole todo lo que tenemos. Hemos luchado por nuestra integridad mental, por olvidar nuestro vicios y nuestras debilidades, hemos luchado por ser mejor personas y por realizar en nuestros huesos, que aunque todo el mundo se derrumbe, lo que tenemos, es ya, más que suficiente.
Hace un mes exactamente, en la boda de dos de mis íntimos amigos, tuve una maravillosa conversación con mi amigo de toda la vida, Pablo. Hace tiempo que hemos dejado de vernos asiduamente y a penas tenemos trato, pero lo cierto es que el cariño de raíz que nos tenemos, sigue ahí imperturbable. Era una noche muy triste para mi por razones personales y no estaba del todo animada, pero me crucé con él y comenzamos a hablar… Como se habla en las bodas donde todo el mundo suele estar feliz y relajado. Los dos estábamos ebrios, cada uno por sus razones, y nos encontramos de repente en el lugar y en el estado perfecto. Aún así, no fue una conversación normal. De hecho Pablo, a lo largo de estos años, me ha sorprendido varias veces con buenas, largas y reveladoras charlas. Le pregunté, como no, por su vida amorosa… No por ser pesada en ese sentido, sino porque se el valor que tiene para él encontrar a una persona a la que amar y que, sobre todo, le ame tal y como es. Alguien que se enamore de su bondad y sobrevuele los parámetros, cayendo en picado sobre su ternura. Y arrancamos hablando del amor en general, de cómo nuestro corazón debe o debería de estar preparado para aceptar el amor, de cómo cuando nos amamos y nos queremos, somos capaces de dar muchísimo más de lo que podemos entender y que esto, se convierte en un círculo vicioso. Tras 10 minutos de conversación , nos encontramos cara a cara con una palabra, un sentimiento y una vieja amiga del alma llamada Rabia.
Si pienso en qué cambió mi vida, hace ya más de un año, tras tres años de mucho amor por parte de mi marido y mucha ayuda para salir de un oscuro y profundo agujero. Qué le dio sentido a mi vida, y qué se curó con amor, del verdadero… Tengo que ser honesta y hablar de la Rabia. Y Pablo me habló de lo mismo, del momento en el que descubres que ya no la sientes, en la que aceptas la vida tal y como es, en la que guardas todo lo malo en un cajón abierto que visitar de vez en cuando pero sin rencor, por que está ahí y siempre lo estará. Un estado en el que el “porqué” y “por que a mi” ya no tienen lugar y se recicla por paz. La rabia por un padre o una madre complicados, por el dolor, por el sufrimiento ajeno a nuestra razón y control, por la muerte, por la falta de amor o el exceso de amor infernal, por la soledad, por el fracaso, por la ignorancia, por la dura lucha, por la incomprensión, por el no estar a la altura, por el no ser. Y sin embargo, llega un momento, el mío llegó tras mucha terapia y mucho amor… Un día, te despiertas, y es como si la angustia de vivir se hubiera disipado, como si esa nube ceniza que nos llena el pulmón y la mente día y noche, se hubiera esfumado, como si pudiésemos encontrar espacio para algo nuevo, lo que fuese, pero algo nuevo. Antes, pensaba que el aceptar las cosas sólo significaba rendirme, resignarme y ser una cobarde. Más tarde aprendí que no se trataba de nada de eso. Que el oso había dejado de rugir por dentro y había hibernado, dejando sitio a una nueva yo, más pura, más auténtica. Y no sólo, me había permitido por primera vez en muchísimo tiempo, ser yo misma.
Lo mismo me contó Pablo. Y vaya, me quedé sorprendida. Pensaba que era otra de mis taraduras mentales… Y en realidad no era nada más ni nada menos que algo de lo más común… Porque somos muchos, muchos los que tenemos corazón de león y piel desfribilada.








































